Viene con ilusión el traductor extranjero. Con esa mezcla de esperanza, incertidumbre y atrevimiento que solo la aventura de viajar a un nuevo país puede ofrecer. Más cuando se busca trabajo que si se viene de vacaciones, es obvio.

El traductor prepara sus maletas, tiene reservados sus billetes. Los tendrá a un clic desde su smartphone, pero impresos también porque es precavido. El traductor siempre lo es. Un traductor temerario, que no revisa todo al detalle y dedica meticulosamente el tiempo necesario para cada cosa puede llamarse a sí mismo traductor, pero no tendrá nada que ver con ellos.

El traductor, tanto de espíritu como de profesión ¿pueden acaso desvincularse?, tendrá todo su viaje preparado hasta el más mínimo paso, para llegar a España y comenzar su camino al éxito lingüístico.

Pero pobre traductor. El destino que le aguarda dista mucho de la planificada agenda diaria de un profesional oficinista. Y es precisamente este desorden y desconcierto, lo que convierte a su aventura internacional en toda una odisea, que en tiempos clásicos sería narrada junto a la de Ulises de regreso a Ítaca.

Comienza su aventura el traductor con el acomodamiento de su hogar. El alquiler, buscado en foros por Internet, tras largas conversaciones con otros profesionales y vecinos españoles, le ha permitido no solo demostrarse a sí mismo que la comunicación en otro idioma no es problema, sino que encontrar un piso céntrico, amplio y económico es un reto superior a las pruebas finales de sus estudios. De hecho, no importa la preparación que tenga, salvo que intervenga la fortuna, nada tiene que hacer el traductor para impedir vivir en el extrarradio.

Pequeño revés, que no enturbia el espíritu del traductor. Un traductor no se rinde nunca. Es algo que poca gente sabe. Pero un traductor, ante cualquier reto lingüístico no cesa en su empeño de resolución. No duerme, no come, apenas respira hasta que consigue encontrar la traducción perfecta. Y, como es inevitable, esto marca el carácter inagotable del traductor.

Empieza su rutina profesional, el siguiente paso de su aventura. Para ampliar sus contactos profesionales opta por el coworking. Un espacio con muchos autónomos de diversos sectores, que le abren las puertas de innumerables posibilidades comerciales, parece una excelente forma de comenzar en España.

La entrada es algo caótica. Dos personas discutiendo. Le dice la profesional que trabaja al lado de su espacio que este fin de semana hubo fútbol. Le explica el profesional del otro lado, que en realidad hay fútbol todas las semanas.

La rutina mantiene un ritmo de agitación constante. Hay almuerzo, hay pausas para café, pausas para fumar, se paraliza todo a la hora de comer, aproximadamente unas 3 horas después de su horario normal en cualquier otro país europeo…

Al menos el traductor tiene sus letras, sus palabras, tiene sus diccionarios y vocabularios, se zambulle en el trabajo de traducción para abordar retos que sí sabe controlar y superar.

Pero la odisea del traductor no cesa ni en su rutina profesional. Las facturas en España tienen IVA, tienen IRPF, requieren modelos de contabilidad específicos y cobrar por el trabajo se hace tan difícil como pedir un poco de silencio para concentrarse. La discusión en realidad no ha cesado ni un momento. ¡Ah sí, que hubo fútbol! ¿Y las facturas? No es raro que hayan aparecido plataformas como Billin, hacen todo el trabajo de facturación y el traductor puede seguir cambiando de un idioma a otro. O hablar de fútbol, si lo prefiere.

Mientras, se hace de noche fuera y la jornada termina cuando en otros países ya están cenando. El traductor también estaría cenando. Pero en lugar de ello se deja convencer para ir a un evento de networking. Es una opción perfecta para conocer a gente y, teóricamente, buscar algún negocio potencial.

En el networking solo habla con otros profesionales del coworking, que tampoco está mal. Después de traducir todo tipo de palabras para regocijo de sus vecinos profesionales, hasta consigue una reunión sobre la traducción multiidioma de una web. Definitivamente no está nada mal lo del networking.

El traductor llega a casa a una hora en la que en su vida anterior ya estaba durmiendo. Mientras cena comida preparada reconoce que la aventura no va a ser tan fácil como pensaba. Pero es un traductor y no cesará en su empeño. Ellos nunca lo hacen. Mañana tiene una primera reunión y muchos documentos a traducir. Para relajarse antes de ir a la cama pone la televisión. Hay fútbol.

Posted by Amparo Miravet

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